viernes, 28 de febrero de 2014

EL ORIGEN DEL NOMBRE DE ANDALUCÍA


Hoy es el día de Andalucía, y aunque todos los andaluces sabemos lo que eso significa, -no quisiera pensar que para la gran mayoría es un día más de fiesta en el calendario laboral- , ¿sabemos qué significa "Andalucía"?, ¿cuál es el origen de este nombre?.

Pocas veces nos paramos a pensar en el origen de la toponimia y de los nombres propios, pasando desapercibidos preciosos detalles históricos y valiosas informaciones cargadas de una enorme y trascendental significación. Quizás actuamos con la cotidianeidad de que como nuestros mismos nombres propios nos los ponen nuestros padres porque les gusta, les hace ilusión, o por seguir una costumbre o línea familiar, pues no damos más importancia que la mera circunstancia o capricho al bautismo y nombramiento. Nos llamamos y consideramos andaluces porque hemos nacido y vivimos en Andalucía, región del Sur de la Península Ibérica, constituida por ocho provincias formando una Comunidad Autónoma, y Andalucía viene del árabe Al-Andalus, nombre que se nos dio con la conquista musulmana en el siglo VIII, y ya está, poco más, con eso es bastante - que diría la gente -, tenemos bandera, escudo e himno, y unas manifestaciones culturales singulares que nos identifican y encasillan.

Todos sabemos leer la grafía de las letras, y leemos y escribimos el nombre de Andalucía muchas veces al cabo del día, pero estamos dejando de leer más allá de las letras. La practicidad y la inmediatez instantánea se están imponiendo en nuestros sistemas y medios de comunicación. Recibimos y emitimos enormes cantidades de mensajes, con la inevitable y desapercibida pérdida de significados, de simbología y de toda carga emocional. Sólo los extremos fáciles de la chanza, la burla o el drama nos provocan una fugaz emoción de sonrisa, ironía o tristeza, tan breve como el tiempo que pasa entre recibir un whatsapp, contestar “jajajaja”, “jijijijiji”, “chao”, “ok”, y soltar el móvil para seguir en la rutina que estábamos.

El lenguaje y la comunicación es mucho más que letras y números, más que lo que nos enseñan en la escuela, más que internet, el periódico, la radio o la televisión. Comunicarse es una función vital del ser humano, y a mi corto y humilde entender, esa faceta vital la estamos descuidando, y la enfermedad que provoca no tiene cura, porque todo lo que se olvida deja de existir, y no hay jarabe ni pastilla para eso. Estamos tan pendientes de estar conectados, en guardia y permanente alerta a ese sonido que a todos nos acompaña, -resulta muy curioso: todos sonamos, todos emitidos musiquitas, y todos nos echamos mano sin querer queriendo al móvil en cuanto se oye el más mínimo pitido, aunque provenga del tío de al lado-, pues como decía, estamos en alerta y sin embargo hemos bajado la guardia y se nos cuelan los gestos de nuestros hijos, sus esfuerzos por llamarnos la atención, su desesperación por ser entendidos. Como la arena, se nos caen de entre los dedos, tantos y tantos momentos mágicos…….., miradas, complicidad, cariño, ternura, dolor, amor, admiración, alegría,……, ¿podemos percibir y emitir sensaciones sin que vayan acompañadas de alto impacto?, ¿es que sólo reaccionamos cuando las señales se emiten en grado superlativo?, …..escenas sangrientas, sunamis, accidentes multitudinarios, macrobotellones, festivales, cine en 3D, sonido en 5.1, …, ¿cómo nos tienen que hacer llegar los mensajes…, repitiéndolos como los anuncios?.

Deja de leer esto y mira a la persona que tengas más cercana, y a la que pase más lejos. Observa sus movimientos, sus gestos, su expresión,… capta su esencia, percibe su yo interior y conéctate a esa red. Haz una caricia a tu pareja, que es una sensación que ninguna tablet ni pantalla táctil te hará sentir por muy de última generación 4G que sea. Juega con tus hijos y sobrinos, con los niños, sé Peter Pan con ellos, y no el que le pone en carga las consolas. Toca las paredes, coge tierra del suelo, pisa un charco, arrúllate en la cama, mójate llorando….. y, luego, cuéntamelo, cuéntanoslo a todos intentando transmitir la mismas sensaciones que has vivido.

Y ahora coge un libro, que vamos a buscar el origen del nombre Andalucía. –porque no creas que te lo voy a dar todo hecho-. Voy a daros unas pistas, nada de discursos académicos.

La historiografía, desde hace muchos años, ha tratado de dar una explicación al término “Al-Andalus”, sin que al parecer se haya encontrado una que sea concluyente y definitiva. Los filólogos, arqueólogos e historiadores han manejado varias tesis que confluyen en tres grandes líneas de investigación:

Origen vándalo, derivado de los pueblos vándalos que habitaron la península en el siglo V,  "Vandalia",  "Vandalicia",  "uandalos". Defendida por acreditados arabistas como Dozy y Leví Provenzal, es a la que mayor crédito se le ha dado, a pesar de estar sujeta con pinzas y presentar unos argumentos un tanto rebuscados y forzados, sin prueba documental alguna por el momento.

Origen visigodo, que defiende la arabización de términos godos como "land" = tierra, y "hlauts" = sorteo de tierras conquistadas, que sumados sería "land hlauts" - (andalus?). Esta tesis es la menos sostenible por lo forzada, por la inexistencia de pruebas documentales, y porque queda claro que el origen germánico de sus autores y defensores influye bastante en su formulación. Se les ve el plumero.

  Y por último tenemos el origen atlántico, que curiosamente es la que más andalusíes y españoles defienden, y la que más argumentos documentados presenta, y sin embargo le cuesta abrirse camino en la comunidad científica. Su mayor defensor ha sido Juan Fernández Amador de los Ríos ("Antigüedades Ibéricas", publicado en 1911), gran filólogo e historiador, que se basó en afirmaciones de los cronistas medievales y andalusíes para explicar que se trata de una traducción al árabe del término griego "Atlántico", que cobra más verosimilitud con el trabajo del filólogo Joaquín Vallvé Bermejo, al recoger probadamente variantes de las voces "Atlas" y "Atalas" que serían "Andara" y "Andala", proviniendo de esta última el término "azirat al-Andalus" = (isla de al-Andalus) que a su vez sería "isla del Atlántico". En una cita de Amador de los Ríos explica: "... Atribuyen los autores andalusíes el nombre del Andalus que dieron a toda España a los atlantes por la transposición de la "n" y la pronunciación de la "t" como "d" al estilo ibérico (así en castellano de Senatus y Toletum se dice Senado y Toledo) por lo cual también llamaron islas Antilias a las Canarias por saber que eran dependencia de la Atlántida. Por la misma razón y creerlas restos de la Atlántida los descubridores de las islas del centro de América las dieron el nombre de Antillas ...".

De las tres tesis la que más visos de certeza y más argumentación va acumulando es la tercera, que además es la más racional de todas. Por otras muchas obras y referencias sabemos que la Atlántida de Platón se podría situar en el Sur de la Península Ibérica (costa gaditana), o en aguas Atlánticas muy próximas. Los vínculos con este topónimo son muchos, y culturalmente existen importantes líneas de investigación sobre los pueblos protohistóricos de la actual Andalucía, Tartesos, entre ellos. Por lo que, todo parece a apuntar, y así lo creo también después de indagar un poco en el asunto, que el término Andalucía está vinculado a los antiguos topónimos con los que nos han identificado siempre como cultura del Atlántico, de las Hespérides, o del Tártaro.

Espero haber transmitido una invitación a sumergirse en el maravilloso mundo de la investigación y la búsqueda, de la observación y la contemplación, de la interpretación con ese halo de misterio que mueve el espíritu a no dejar pasar una oportunidad de sentirnos conectados a una red mucho mayor que internet, la de nuestros orígenes.

Así que os animo a que cuando paséis por algún lugar, algún paisaje, algún rincón apartado, o ante algún viejete sentado en una piedra con el cigarro en la boca y la mirada perdida, que os preguntéis ¿por qué?, y lo transmitáis para que otros lo sepan y las cosas no se extingan en el olvido de la nada. Y por último, dejar de leer esto, apagar el ordenador, y entregaros a vuestros seres queridos, leer en sus rostros y hacerles un guiño de complicidad, porque ese simple, sencillo y humilde gesto hace más Andalucía que todos los programas políticos y estatuarios. Somos andaluces, atlantes, tartesos, íberos,…. somos herederos de un legado que nos une en el tiempo y nos vincula a amar nuestras raíces para que nuestra tierra siga siendo tierra de paz y libertad, tierra de paso y encuentro, solar de remanso, paraíso para vivir, y reposo eterno de quienes miramos algunas tardes a su atardecer. ¡VIVA EL BETIS MANQUE PIERDA!!!!

miércoles, 19 de febrero de 2014

LOS DUELISTAS

El próximo viernes, día 21 de febrero, se proyectará la opera prima de Ridley Scott, Los duelistas (1977), una de las mejores visiones del imperio napoleónico jamás propuestas por el cine. Al término de la proyección habrá una mesa redonda sobre el tema: "El cine y la reconstrucción histórica".



FICHA TÉCNICA:

Título original: The Duellists. Año: 1977. País: Reino Unido. Dirección: Ridley Scott. Producción: David Puttnam (Enigma Productions/NFFC). Guión: Gerald Vaughan-Hughes, basado en la novela The Duel, de Joseph Conrad. Música: Howard Blake. Fotografía: Frank Tidy (Color). Dirección artística: Bryan Graves. Vestuario: Tom Rand, James Wakely, Rita Wakely. Montaje: Pamela Power. Asesor militar: Richard Holmes. Director de esgrima: William Hobbs.  Duración: 96 minutos. Estreno en el Festival de Cannes: 31 de agosto de 1977. Estreno en España: 1 de junio de 1978.

REPARTO: Keith Carradine (D’Hubert), Harvey Keitel (Feraud), Albert Finney (Fouché), Diana Quick (Laura), Edward Fox (Coronel), Tom Conti (Doctor Jacquin), Cristina Raines (Adele), Robert Stephens (General Treillard), John McEnery (Húsar), Alan Webb (Chevalier). Stacy Keach (narrador)


SINOPSIS:


Durante las Guerras Napoleónicas, dos oficiales de Caballería del ejército francés, dos húsares llamados Gabriel Feraud y Armand D´Hubert, se enzarzan en un duelo intermitente e interminable que recorre distintos lugares de Europa, siguiendo el avance y el retroceso de las tropas del Emperador. Su rivalidad llega a convertirse en una auténtica leyenda, aunque ellos ya casi no se acuerdan del motivo de sus enfrentamientos, que una vez derrotado Napoleón van a continuar, esta vez de nuevo en territorio galo.

Si quieres conocer más datos técnicos y artísticos de la película pulsa aquí: IMDB


EL DIRECTOR:

Ridley Scott (South Shields, Inglaterra, 1937). Interesado desde muy joven por las Bellas Artes, Scott se labró un sólido prestigio como escenógrafo colaborando en la dirección artística de varias series de la BBC a principios de la década de 1960. A pesar de las buenas aptitudes para la realización demostradas con el mediometraje Boy in a Bycicle (1965) y en la serie policiaca Z-Cars (1966-1967), decidió dedicarse a la publicidad televisiva por cuenta propia a través de la “Ridley Scott Associates”, empresa que fundó con su hermano Tony, también futuro director de cine. En tan sólo una década fue capaz de dirigir, ambientar, fotografiar y montar más de dos mil anuncios comerciales que revolucionaron en gran medida el sector publicitario de la televisión y le hicieron ganar una fortuna. En esta empresa (todavía en activo) darían sus primeros pasos cineastas como Alan Parker y Adrian Lyne.

No obstante, Scott deseaba dar el salto a la realización cinematográfica. Convenció al productor David Puttnam para poner en pie Los duelistas (1977), alabada unánimemente por la crítica (obtuvo el premio a la mejor opera prima en el Festival de Cannes de 1977) aunque no tanto por el público, que a cambio se entusiasmaría con su siguiente producción, Alien, el octavo pasajero (1979), pronto elevada al estatus de “película de culto”, al igual que Blade Runner (1982). Las principales señas de identidad de Scott como cineasta han sido siempre la fuerza visual de sus películas, el esteticismo, su atención al detalle y a la escenografía. Director aparentemente frío, perfeccionista, visionario del cine (a él se debe la controvertida moda del “montaje del director”, o director’s cut, orientado al mercado de video), Scott ha ido alternando sonoros éxitos (Thelma & Louise, 1991; Gladiator, 2000; Hannibal, 2001) con decepciones y fracasos más o menos sonados (Legend, 1985; 1492. La conquista del Paraíso, 1992; El reino de los cielos, 2005), lo que, a la postre, le ha situado entre los realizadores más populares de las últimas décadas. Acaba de rodar en España la evocación bíblica Exodus, basada en la historia de Moisés, cuyo estreno está previsto para finales del año 2014.


LA PELÍCULA:

Dos oficiales del ejército napoleónico, François Louis Fournier-Sarlovèze y Pierre-Antoine Dupont de l’Étang (se cree que podría tratarse del famoso general Dupont derrotado en la batalla de Bailén por el general Castaños), sostuvieron treinta duelos a lo largo de veinte años por un motivo sin importancia. El escritor Joseph Conrad escuchó aquella extraña historia en un pueblecito de Francia y decidió novelarla bajo el título de The Duel (1908) alterando, eso sí, los nombres de los protagonistas. Así, Dupont se convirtió en Armand D’Hubert y Fournier en Gabriel Feraud.

El guionista Gerald Vaughan-Hughes escribió en 1975 un libreto bastante fiel al relato de Conrad. A Ridley Scott, que frisaba ya los cuarenta años, le gustó el guión y trató de convencer al productor David Puttnam para adaptarlo al cine. Tuvo que intervenir la productora americana Paramount para hacer realidad un proyecto que se suponía de cierta envergadura, pero dotado finalmente con un presupuesto muy bajo (900.000 dólares). Scott (que, por lo menos,  pudo trabajar con total libertad) buscó escenarios naturales que pudieran suplir la imposible construcción de decorados por la falta de dinero. Los halló principalmente en la Dordoña francesa (donde transcurrió la mayor parte del rodaje) y en las Highlands de Escocia (en los Montes Cairngorms se rodó la secuencia de Rusia). El rodaje abarcó parte del otoño e invierno de 1976-1977, casi siempre en días lluviosos y fríos.



El director siempre ha reconocido que se inspiró en el Barry Lyndon (1975) de Stanley Kubrick para filmar su película, lo cual se evidencia perfectamente no sólo en el tratamiento naturalista de la luz ambiental y en las composiciones pictóricas (algunas de una belleza sublime, sin efectos visuales), sino también en el minucioso trabajo de ambientación histórica. Todo en esta película transmite autenticidad: los uniformes (confeccionados en Italia), los sables (fabricados ex profeso), los peinados, las viviendas (auténticas),  los usos y modales de la gente… Puede decirse que hasta lo más pueril  adquiere relevancia en cada uno de sus meditadísimos encuadres.

Pero la recreación de época va más allá de lo aparente. Estamos, o eso dicen los entendidos, ante la mejor película jamás rodada sobre la Francia napoleónica y sus contradicciones, bien representadas por los protagonistas: D’Hubert, culto, elegante, racional, intuimos que de origen aristocrático, sirve con lealtad al emperador, pero sabrá adaptarse a la restauración monárquica posterior a la caída de Napoleón; mientras que Feraud, un hombre iracundo y violento, parece provenir de una clase inferior y es un bonapartista a ultranza porque el imperio le ha permitido adquirir un estatus social mediante su promoción en el ejército. Ambos simbolizan el esplendor de Napoleón (un ejército arrogante y avasallador), su paulatino ocaso (la catastrófica retirada de Rusia, filmada con gran realismo) y su caída final (los bonapartistas declarados, como Feraud, quedan marginados socialmente o son perseguidos por el ministro Fouché).

Este antagonismo confiere a su duelo un carácter simbólico: un bonapartista apasionado, un hombre del pueblo, frente a un aristócrata pragmático más fiel a sí mismo que a ninguna otra causa. Entre medias,  una mirada reflexiva acerca de conceptos tan difusos como el honor y la valentía, matizados por la mirada crítica de un D’Hubert entregado, pese a todo, a un duelo que considera incomprensible y absurdo.



Muchas lecturas subyacen tras las disputas, los sablazos y el odio disfrazado de código caballeresco de estos personajes excepcionalmente bien interpretados por Harvey Keitel y Keith Carradine, dos actores americanos elegidos por Scott de entre una lista de cuatro como condición indispensable de la Paramount para financiar el rodaje. Considerada una película de culto, con Los duelistas Ridley Scott dejó encandilado a Sandy Lieberson, un directivo de la Fox en Londres , que poco después le ofrecería la dirección de  otro filme de culto: Alien, el octavo pasajero (1979). Y luego, como si hubiera planificado a propósito una especie de “trilogía de culto”, vendría nada menos que Blade Runner (1982)… Pero esa es otra historia.


¿SABÍAS QUE…

…Ridley Scott renunció a su sueldo y hasta se ofreció a pagar de su bolsillo los gastos que excedieran del presupuesto con tal de poder dirigir la película?
…Scott pensó en los actores británicos Oliver Reed, Michael York y Terence Stamp para los papeles?
…En la escena del duelo en el establo se recubrieron las paredes con mallas metálicas conectadas a una batería eléctrica para que saltaran chispazos cuando los sables (auténticos) chocaran con ellas, lo cual provocó varias descargas a Harvey Keitel?
…Que el especialista en esgrima, William Hobbs, supervisó los duelos a espada de películas tan conocidas como Excalibur (1981), Cyrano de Bergerac (1990) y Rob Roy, la pasión de un rebelde (1995)?
…Hubo que proteger las pistolas del duelo final, verdaderas y valiosas antigüedades, colocando mantas alrededor de Harvey Keitel para evitar que se rompieran cuando éste las arrojara al suelo?
…Ridley Scott no supo del origen real de la historia de los duelistas hasta que se la contó el alcalde la localidad francesa de Salt, donde al parecer se batieron los duelistas históricos?
…Que Albert Finney aceptó el breve papel de Fouché a cambio de una caja de champán francés?






TERCERA PROYECCIÓN EN NUESTRO CICLO SOBRE "CINE E HISTORIA"

Nos vemos en la Casa de la Cultura de La Carolina el próximo viernes, día 21 de febrero, a partir de las 19:00, para disfrutar de Los duelistas (The Duellists, 1977), de Ridley Scott, la historia de dos oficiales del ejército francés enzarzados durante años en un duelo personal con el imperio de Napoleón como trasfondo histórico.



sábado, 8 de febrero de 2014

Contra los nacionalismos. Una réplica a P. Ramos

Las recientes excarcelaciones de etarras y delincuentes diversos ha abierto un debate e incluso una brecha en distintos sectores de la sociedad. Desde Europa se considera ilegal la aplicación de la “doctrina Parot”. El sistema penitenciario español contempla una pena máxima de 30 años de cárcel para todos los delitos cometidos. A partir de este momento, un preso puede reducir su condena por diversas cuestiones (buen comportamiento, etc.).

No obstante, con el etarra Parot se cambió la ley con carácter retroactivo y se estableció que estas rebajas de condena se harían sobre la condena total de años, no sobre la máxima establecida de 30 años. Europa ha considerado ilegal esta ley, de ahí que hayan salido a la calle convictos que no han cumplido ni siquiera la totalidad de esos treinta años.

         Ahora el debate está servido: la necesidad de cambiar la legislación para que determinados individuos considerados muy peligrosos para la sociedad no estén en la calle o, por el contrario, acatar la ley asumiendo que ese exconvicto ha cumplido su pena por el delito que cometió y esperar que sus anteriores actos no se repitan.

        En el comentario de mi compañero creo que se comete el error de generalizar una parte por el todo. Asi, se ha asimilado el Pueblo Vasco con la organización terrorista ETA. Si bien todos en el conjunto del pueblo español hemos sufrido las consecuencias de atentados y muertes, más doloroso ha sido aún para los vascos, que además de la violencia física han tenido que padecer la represión y el miedo durante muchos años y en su propia tierra. Y creo que todos hemos estado unidos ante esta lacra; recuerdo cómo muchos de nosotros salimos a la calle y lloramos por el asesinato de Miguel Ángel Blanco, manifestación considerada actualmente una de las mejores expresiones de la unión del pueblo español ante las atrocidades del nacionalismo extremista y sanguinario de ETA.

         Y precisamente esa actitud extrema es la que hay que combatir. Cada comunidad tiene sus propias características culturales, lingüísticas, idiosincráticas, su propia “especificidad” que no la excluye del conjunto, sino que la enriquece aún más. Habrá que subsidiar actividades siderúrgicas vascas, mineras leonesas o a los jornaleros de Sierra Mágina, que con sus peonadas en la recogida de la aceituna en Jaén, de espárragos en Navarra o de la uva en Francia no ganan lo suficiente para comer el resto del año.


         Vivimos en un momento de crisis en el que, más que nunca, tenemos que tener la “cabeza fría” para pensar tranquilamente y no dejarse manipular por distintos intereses, políticos, religiosos, etc. Hay que buscar mecanismos que nos permitan luchar contra por las injusticias sociales y atropellos legales que sufren muchos de nuestros congéneres. Si nos lo proponemos, tal vez lo consigamos, como los pequeños logros que se están alcanzando contra los deshaucios, o el reciente éxito del barrio de Gamonal. Pero repito, si criticamos los peligros de los nacionalismos, no cometamos el error de caer también en ellos. 

lunes, 3 de febrero de 2014

SER O NO SER

El pasado 24 de enero, dentro del ciclo que dedicamos al cine histórico, tuvo lugar la proyección de “Ser o no ser”,  un clásico del cine norteamericano dirigido por Ernst Lubitsch. En esta ocasion, la mesa redonda posterior a la proyección giró en torno al tema: “¿El cine cambia la Historia?”






FICHA TÉCNICA:

Título original: To be or not to be. Año: 1942. País: Estados Unidos. Dirección: Ernst Lubitsch. Producción: Alexander Korda y Ernst Lubitsch (United Artists). Guión: Edwin Justus Mayer, sobre un argumento de E. Lubitsch y Melchior Lengyel. Música: Miklós Rózsa, Werner R. Heymann. Fotografía: Rudolph Maté (B/N). Decorados: J. McMillan Johnson, Julia Heron. Vestuario: Irene. Montaje: Dorothy Spencer. Duración: 94 minutos. Estreno en Estados Unidos: 6 de marzo en 1942. Estreno en España: 19 de diciembre de 1970.
REPARTO: Carole Lombard (María Tura), Jack Benny (Josef Tura), Robert Stack (Teniente Stanislav Sobinski), Felix Bressart (Greenberg), Stanley Ridges (Profesor Siletsky), Sig Ruman (Coronel Erhardt), Lionel Atwill (Rawitch), Tom Dugan (Bronski), Charles Halton (Productor Dobosh), Henry Victor (Capitán Schulz).

SINOPSIS:

Polonia, año 1939. El inicio de la Segunda Guerra Mundial afecta a la programación de la compañía teatral Tura, especializada en obras de Shakespeare y que ve prohibida su pieza “Gestapo”, y separa a su primera actriz, María, de su admirador, el teniente Sobinski. Meses después, el profesor Siletsky, agente doble, intenta desmantelar la resistencia en Varsovia; los miembros de la compañía tendrán que eliminarlo, suplantar a la Gestapo alemana y al mismo Führer para conseguir desbaratar sus planes. Para ello recurrirán a sus dotes interpretativas, confundiendo a la propia policía alemana.


EL DIRECTOR:

Ernst Lubitsch (Berlín, Alemania, 1892-Los Ángeles, Estados Unidos, 1947). Berlinés de origen judío, Ernst Lubitsch se introdujo en el teatro de la mano del director austriaco Max Reinhardt, quien, a su vez, le dirigiría en su primera película como intérprete, Meyer Auf der Alm (1912). En 1914 asumió la dirección de la comedia Fräulein Seifenschaum, y pronto alcanzó la fama en  Alemania, donde, aparte sus comedias, destacaron sus elegantes y a la vez espectaculares evocaciones históricas Madame DuBarry (1919), Ana Bolena (1920) o La mujer del faraón (1922). Su destreza para las escenas de masas pronto llamó la atención de Hollywood, que le convenció para ponerse al frente de Rosita, la cantante callejera (1923), con Mary Pickford. Ya no abandonaría Estados Unidos, donde daría lo mejor de sí mismo, especialmente durante los años treinta, la época dorada de la comedia americana que hicieron posible cineastas como Frank Capra, Howard Hawks, Leo McCarey o el propio Lubitsch. Excelente director de actores, trabajó con gente tan variopinta como Greta Garbo, Pola Negri, Emil Jannings, Marlene Dietrich, Maurice Chevalier, Gary Cooper y un largo etcétera. Vinculado durante años a la productora Paramount (de la que llegó a ser jefe de producción entre 1935 y 1936), Lubitsch impondría en películas como El teniente seductor (1931) o La viuda alegre (1934) un modelo narrativo basado en la elipsis, la sofisticación, el deseo sexual y el afán de riqueza aludidos como metáforas, los ambientes desenfadados, la velocidad; ese famoso y legendario “toque Lubitsch” que crearía escuela e influiría, por ejemplo, en la obra de Billy Wilder (guionista suyo en dos películas). Títulos tan brillantes y admirables como Ninotchka (1939), con Greta Garbo, El bazar de las sorpresas (1940), con James Stewart, Ser o no ser (1942) y El diablo dijo no (1943) transmiten algo tan sencillo y universal como  amor por la vida, pero también ternura hacia los seres humanos y en ocasiones una crítica política (sutil o explícita) enmascarada tras la sátira… Quizás porque, después de todo, tras su apariencia de bon vivant alegre y hedonista se ocultaba, en el fondo, un escéptico optimista. 

Si quieres conocer más datos técnicos y artísticos de la película pulsa aquí: IMDB


LA PELÍCULA:

Apenas habían pasado dos años desde la invasión de Polonia por la Alemania de Hitler  (en 1939) cuando Lubitsch rodaba en Hollywood Ser o no ser. Era, por lo tanto, un tema de rabiosa actualidad. La idea del argumento (una troupe de humildes actores polacos involucrados por azar en la resistencia antinazi) se la proporcionó a Lubitsch el escritor y guionista de origen húngaro Melchior Lengyel (de verdadero nombre Lebovics Menyhért), inspirador asimismo de Ninotchka (1939), uno de los mayores éxitos del realizador alemán. A partir de la idea inicial de Lengyel, Lubitsch desarrolló con el guionista Edwin Justus Mayer una sátira hiriente y aguda contra el ideario nazi. Sin embargo, a los sectores políticos más conservadores de Estados Unidos no les gustó que otra película americana (primero fue Chaplin con la demoledora El gran dictador, en 1940) ridiculizara a un Estado, Alemania, que no era considerado oficialmente como enemigo por parte de un país aún neutral (ni siquiera se había producido todavía el ataque japonés sobre Pearl Harbour). Por si fuera poco, se acusó a Lubitsch de frivolizar sobre un asunto tan serio, y de futuro tan incierto, como el de la opresión alemana sobre Polonia. Al estrenarse la película en 1942, Estados Unidos ya había declarado la guerra a Japón y Alemania, al tiempo que Hollywood se volcaba en la causa bélica mediante el rodaje de películas propagandísticas y el alistamiento en las Fuerzas Armadas de muchos miembros de su star system, pero ni por esas se reconoció la labor de Lubitsch.


Cuando el mundo tuvo conocimiento pleno del horror nazi, del holocausto, de la triste realidad de una Europa devastada y desmoralizada por la guerra, comenzó la reivindicación de Ser o no ser como obra maestra del cine y como película adelantada a su tiempo por la utilización de la sátira como herramienta crítica. Se comprobó que bajo la máscara de la comedia, de la parodia, de la burla, subyacía un rechazo frontal al nazismo y a cuanto representaba, erigiéndose en alegato contra la intolerancia. Era lo lógico tratándose de un realizador judío que declara sus intenciones empleando a un actor también judío (Felix Bressart  en el papel de Greenberg) para recitar en los pasillos de un teatro al Shylock de Shakespeare delante de los soldados alemanes  en una de las escenas más emotivas de la película.

Pero Ser o no ser es mucho más que un inteligente manifiesto contra el nazismo. Es también la típica historia de Lubitsch (sutil, nada declamatoria, vitalista y divertida) sobre triángulos amorosos (Carole Lombard, deslumbrante en el papel de María Tura, flirtea con un joven militar a espaldas de su egocéntrico marido). Es asimismo un homenaje al  mundillo del teatro (del que provenía el propio Lubitsch), la historia de una representación ficticia que termina siendo auténtica (la de esos actores que inicialmente ensayan una obra sobre la Gestapo y se ven inmersos en un constante “ser o  no ser” cuando han de enfrentarse con los alemanes) y, quizás por encima de todo, un homenaje a quienes luchaban en contra de la tiranía. Fue el último trabajo de Carole Lombard, fallecida el 16 de enero de 1942 (un mes antes de la premiere del filme en Nueva York) en un accidente aéreo cuando viajaba desde Nevada a California para promocionar bonos de guerra. Tras su fallecimiento se suprimió una frase del guión en cierto modo premonitoria en la que decía: “¿Qué puede pasar en un avión?”. El mítico Clark Gable, su marido por aquel entonces, desolado, se alistó en el ejército después de la tragedia.


Ser o no ser no ha perdido nada de su vigencia a pesar del tiempo transcurrido. Fue una película audaz realizada en circunstancias políticas muy poco envidiables. Seguramente no tuvo la repercusión de los filmes bélicos de propaganda realizados en su época, pero al contrario de éstos, y junto a obras de la talla de la coetánea Casablanca (Michael Curtiz), mantiene intacta su frescura. No es una película fiel a la Historia, sino una fabulación de la realidad, acaso la expresión de un deseo personal (asistir al final del régimen nazi) concebido desde una confianza inquebrantable en la libertad humana.






¿SABÍAS QUE…


  • …En 1942 Hollywood produjo algunas películas de corte antifascista, entre las que destacan Ser o no ser, Casablanca (Michael Curtiz), Sabotaje (Alfred Hitchcock), Keeper of the Flame (George Cukor) y La señora Miniver (William Wyler), que ganaría el Oscar a la mejor película?
  • …Ernst Lubitsch rodó un episodio sobre Alemania en 1942 para la serie documental de Frank Capra Why We Fight (1942-1945), destinada a explicar al público las causas de la guerra, pero fue retirado de la misma por considerarlo poco adecuado para el espíritu del proyecto?
  •  …El Congreso de los Estados Unidos incluyó Ser o no ser en el “National Film Registry” en 1996 y fue considerado como un tesoro cultural norteamericano que debía ser protegido a toda costa?
  • …En 1983 Alan Johnson dirigió un remake titulado en España Soy o no soy, con Mel Brooks y Anne Bancroft al frente del reparto?
  • …Hasta 1960 no pudo ser exhibida en Alemania?
  • …En España estuvo prohibida su exhibición hasta 1970  (año de estreno en Barcelona), y únicamente pudo proyectarse en las restrictivas “Salas de Arte y Ensayo”?
  • …Que Billy Wilder dijo de Ernst Lubitsch: “Lubitsch era capaz de hacer más con una puerta cerrada de lo que la mayoría de los directores actuales son capaces de hacer con una bragueta abierta”?