miércoles, 11 de diciembre de 2013

El olvido en la Historia (2): Himilce


Himilce (Cástulo, siglo III a.C.): Agustín Cronopio daba cuenta hace unos días en este blog (ver) del extraordinario hallazgo de un león pétreo en las ruinas de lo que fue la antigua ciudad ibera de Cástulo, en Linares. Cástulo fue la ciudad más importante de los oretanos, un pueblo asentado en el norte de Jaén, el sur de Ciudad Real y el noreste de Córdoba. Un pueblo que tuvo tratos con los cartagineses y romanos ávidos por aprovechar la riqueza minera de estas tierras.
Es posible que el león encontrado por los arqueólogos guardara una de las puertas de acceso a Cástulo… La misma puerta, evocaba Agustín, por la que tal vez salió hacia el año 221 ó el 220 antes de Cristo la princesa Himilce al encuentro del que sería su esposo, el general cartaginés Aníbal Barca.
La Historia se ha explayado bastante sobre la lucha sin cuartel de Aníbal contra la República Romana, su épico viaje por tierra desde Hispania hasta la península italiana salvando los Pirineos y los Alpes (elefantes de guerra incluidos), sus asombrosas victorias en el campo de batalla y su derrota final ante Escipión en Zama (202 a.C.)… Pero, ¿qué sabemos de su esposa Himilce? Es posible que mucha gente identifique este nombre con un conocido local público de Linares. O quizás, como mucho, algunos sepan que está representada en la figura femenina que corona la llamada “Plaza de los Leones” de Baeza, tantas veces confundida por los profanos con la imagen de la Virgen María. Sin embargo, hablamos de un personaje histórico, de una mujer cuya boda con el más prestigioso de los bárcidas (el padre de Aníbal, Amílcar Barca, el líder del ejército cartaginés en la fase final de la Primera Guerra Púnica, concibió la idea de acercarse a los pueblos ibéricos mediante tratados, o por la fuerza, con vistas a una segunda guerra contra Roma que se sabía inevitable) debía servir para sellar una alianza entre la poderosa Cartago y el reino ibero propietario de las minas ansiadas por los púnicos.


Se supone que la efigie femenina de la Plaza del Pópulo (o de los Leones), en Baeza, representa a Himilce
De Himilce sabemos muy poco, aparte su condición regia (se supone que era hija del rey Mucro) y su boda con Aníbal, porque lo cierto es que las escasas noticias recogidas en las fuentes históricas no parecen del todo fiables. El poeta latino Silio Itálico (c. 23-101) le dedica algunas líneas en su obra La Guerra Púnica, donde le atribuye un origen casi divino, más relacionado con el panteón griego que con la propia cultura ibera. Según Itálico (libro III), Himilce le dio un hijo al general cartaginés (llamado Aspar de acuerdo con ciertas leyendas). Al poco de nacer el niño, Aníbal dejó a su familia en Gades (Cádiz) para que desde allí se trasladaran a Cartago puesto que iba a iniciarse la guerra contra Roma. De acuerdo con el poeta, Himilce le reprochó a su esposo que los abandonara para enfrentarse a las incertidumbres de la guerra, pero acataba su decisión como consorte obediente. Más adelante, en su libro IV, Itálico refiere un hecho dramático: un tal Hannón, el mayor rival de los Barca, exigía ante el Gran Consejo de Cartago el sacrificio del hijo de Aníbal como ofrenda a los dioses fenicios para pedir su protección contra Roma. Himilce, desesperada, profiriendo gritos de agonía, con el rostro demacrado y el pelo sucio, imploraba el favor de los mandatarios cartagineses a la vez que enviaba un mensaje a su esposo para ponerle al corriente del cruel destino del niño. Aníbal, entristecido por las noticias que llegaban de la urbe, se sumó a la petición de Himilce y consiguió que no se consumara el sacrificio de su hijo.
Y nada más sabemos de Himilce después de este episodio. Todo son incógnitas: ¿Volvió a reencontrarse con Aníbal tras la larga ausencia de éste? ¿Qué fue de su hijo? Se cree que ella y el niño murieron en Cartago antes de la batalla de Zama, pero no hay forma de saberlo con certeza. Es posible, como sugiere Silio Itálico, que Himilce fuera despreciada por los mandatarios cartagineses en desacuerdo con Aníbal. Ello hace plausible una antigua leyenda según la cual la princesa ibera acabaría regresando a su Cástulo natal, donde moriría poco después. Una Cástulo, por cierto, que no dudó en pasarse al bando romano cuando la suerte de la guerra parecía darle la espalda a Aníbal, tal como relata Tito Livio (Ab Urbe Condita, XXIV, 41), autor que asimismo confirma el origen “linarense” (permítanme el anacronismo) de nuestra princesa ibera.

Aníbal e Himilce, por Rinel Rakhmatullina. Himilce aparece representada con el típico tocado femenino del arte ibero
Existen, por supuesto, numerosas hipótesis sobre Himilce. Una de ellas la sitúa en Gades, no en Cástulo, y también se la ha querido identificar nada menos que con la Dama de Baza. También se ha dicho que el monumento de Baeza se correspondería con un supuesto túmulo funerario erigido en Cástulo para honrar su memoria, teoría que hasta ahora nadie ha podido demostrar. 
Todo hace pensar que Himilce murió joven. Quizás el triste destino de su consorte, odiado y temido por los romanos durante siglos, explique en parte la escasez de noticias sobre ella. En cualquier caso, pertenece a una época crucial no ya de la historia de la Península Ibérica (enclave importantísimo durante la Segunda Guerra Púnica), sino de Europa entera, cuando dos colosos llamados Roma y Cartago sostuvieron un pulso terrible por el dominio del Mediterráneo. Las guerras púnicas pueden ser vistas como paradigma del choque entre Occidente (Roma, en este caso) y Oriente (Cartago, de origen fenicio). Himilce representa el encuentro entre el mundo púnico y el mundo ibero, y eso sucedió hace más de dos milenios aquí mismo, a un tiro de piedra de La Carolina. Una princesa que un buen día dejó su querida Cástulo para asomarse al Mediterráneo desde Qart Hadasht (la Cartagena moderna), la "Nueva Cartago" fundada por Asdrúbal el Bello, yerno de Amílcar Barca y cuñado de Aníbal. Precisamente durante las fiestas de cartagineses y romanos de Cartagena se conmemora cada año con gran sentido del detalle la boda entre Himilce y Aníbal como si de un bello romance se tratara. Un amor legendario, mencionado ya por Itálico, porque al fin y al cabo nuestra dama ibera pertenece también a la leyenda de un tiempo cuya memoria han sabido preservar las gentes del Levante español. Allí cuentan que la bella Himilce se asomaba a un mirador o balcón construido en la parte antigua del Castell de Xàtiva (la Saiti ibera). Quizás no sea más que otra leyenda, pero al menos gracias a ella sigue perdurando a través de los siglos el recuerdo de nuestra princesa... Precisamente por este motivo se conoce al mirador con el hermoso nombre de "Balcón de Himilce".

2 comentarios:

  1. Según he leído, Himilce, a la partida de Aníbal, quedó bajo la custodia de sus hermanos, y que permaneció en suelo hispano, con el fin de mantener el tratado con los pueblos íberos, hasta que fueron los cartagineses expulsados de la península por Publio Cornelio Escipión el Africano. Una vez en África, la vida de Himilce deja de tener un valor político y estratégico para los cartagineses, pero ¿y para el propio Aníbal?, ¿qué sintió realmente hacia la joven princesa íbera?, ¿hubo algo de amor?, ¿surgió en algún momento de su existencia?, o sólo fue el precio de un tratado, y en cierto modo un preciado rehén por el que asegurarse la fidelidad y servidumbre de los ciudadanos de Cástulo. Todo apunta a que Himilce sufrió ser objeto de tal sacrificio en representación de su pueblo, y por su discreta vida, si ha pasado inadvertida es porque debió cumplir con su destino.
    Estupendo artículo Arminio.

    ResponderEliminar
  2. fascinante la historia de Himilce y relatas datos que no conocia.Himilce la conoci por la estatua que hay en Baeza y afortunadamente algo mas gracias a toda la informacion que hay en internet como la que aqui nos brindas.

    ResponderEliminar